Conoce mi historia
“Cuando cambias la forma en que miras las cosas, las cosas que miras cambian.” - Wayne Dyer
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Durante mucho tiempo viví enfadada con el mundo.
Mis relaciones eran siempre conflictivas, tenía una imagen muy negativa de mí misma, de los demás, y de la vida en general.
Gran parte de mi energía la volcaba en ayudar en distintas pequeñas causas, pero con el tiempo entendí que, en el fondo, aquello también era una forma de no mirarme a mí misma.
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Mi cuerpo empezó a reflejar todo ese conflicto.
Sufría infecciones de orina recurrentes, cólicos renales, vivía irritable y con una tensión constante en el cuerpo. Me costaba respirar profundamente y muchas decisiones en mi vida nacían desde ese estado de malestar.
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Un día mi tía me hizo una sesión de Reiki.
Por primera vez sentí algo distinto: como si dentro de mí hubiera algo bueno que quería salir.
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Poco después me llevó a una clase de yoga al aire libre. Ese fue el primer pequeño click.
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A finales de 2018 me mudé al norte de España y empecé a practicar yoga con regularidad.
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Los cambios no tardaron en llegar.
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A las pocas semanas empecé a ser más consciente de mi respiración y descubrí que podía usarla para entrar en calma.
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Después de un año de práctica constante, los cólicos renales desaparecieron, las infecciones disminuyeron y empecé a sentir una conexión mucho más profunda con mi cuerpo y con las señales que me enviaba. También comenzó a mejorar la relación con mis padres.
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No fue porque el yoga sea una solución mágica que lo arregle todo.
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Pero sí hizo algo muy poderoso:
cambió la forma en la que yo miraba la vida.
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En 2020 me mudé al Reino Unido y en Escocia decidí hacer mi primera formación como profesora de yoga.
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Quería entender qué había pasado y cómo algo tan simple había tenido un impacto tan grande en mi vida.
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Después vinieron más formaciones: Ashtanga, Yin Yoga, Yoga Restaurativo…
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Pero cuanto más aprendía, más me daba cuenta de algo importante: el sufrimiento humano puede ser muy profundo y complejo.
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Ansiedad, depresión, trauma, ataques de pánico…
y muchas veces los profesores de yoga no estamos realmente preparados para acompañar procesos así.
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Yo no quería simplemente guiar una clase.
Quería entender qué ocurre en la mente y en el cuerpo cuando sufrimos.
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Ese deseo me llevó a formarme en Trauma-Informed Yoga.
Fue un paso importante, pero aún sentía que faltaba algo más.
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En 2024 ese camino me llevó a Londres, donde conocí The Minded Institute, una institución dedicada a formar terapeutas en yoga.
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Aquello me fascinó.
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Por primera vez encontré un enfoque que integraba yoga con neurociencia, psicología y salud integral.
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Durante dos años estudié cómo el yoga puede apoyar a personas que viven con ansiedad, depresión, estrés crónico y muchas otras condiciones y enfermedades que afectan profundamente a la calidad de vida.
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Pero en todo ese proceso comprendí algo que quizá es lo más importante de todo.
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Todo ese conocimiento no era solo para ayudar a otros.
También era para ayudarme a mí.
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Durante estos años tuve a mi propia terapeuta en yoga y a una supervisora que me acompañaron en un proceso profundo de autoconocimiento.
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Aprendí a poner límites, a respetar mis tiempos, a reconocer patrones que repetía y a escucharme de verdad.
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Y entendí algo esencial:
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el cuidado, y el amor, siempre empieza por uno mismo.
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Pero a veces necesitamos a alguien que nos acompañe en ese camino.
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Hoy acompaño a personas que sienten que algo en su vida necesita cambiar, pero no saben muy bien por dónde empezar.
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Personas que viven con tensión constante, estrés, cansancio o una sensación de desconexión de su propio cuerpo.
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A través del yoga terapéutico, del movimiento consciente, respiración y regulación del sistema nervioso, creo espacios donde el cuerpo puede relajarse y la mente puede empezar a encontrar calma.
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No se trata de cambiar quién eres.
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Se trata de aprender a escucharte y relacionarte contigo de una manera diferente.
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Si algo de esta historia ha resonado contigo, quizá no sea casualidad.
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Tal vez tú también estás buscando reconectar contigo, encontrar más calma en tu cuerpo y en tu mente.
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Y si es así, será un honor acompañarte en ese proceso.

